Ya estoy trabajando con la editorial en mi próxima novela, que verá la luz en las próximas semanas. Pronto, más información

sábado, 14 de agosto de 2010

Prosa Poética: Ser o no ser


SER O NO SER


¡Ser o no ser, he aquí el dilema! Romperse las espaldas en luchas ideológicas que nunca parece que puedan realizarse, o refugiarse entre las acogedoras sombras dentro de la torre de cristal. ¿Hay término medio?

Miro la calavera, y el fantasma aparece en lo alto de las escaleras-mente, y me grita: ¡Necio, ¿acaso crees poder cambiar el mundo? No sé que responderle y de nuevo miro al descarnado rostro sin ojos. ¿Sabes qué responderme? El espectro ríe a carcajadas mientras el resto del mundo aguarda en silencio.

¡Nunca más! Grita la calavera-conciencia, y mi corazón palpita, angustiado, sin querer saber qué ha entendido, qué entiende. ¡Destino, dime qué he de hacer! La niebla ha sustituido al fantasma y cubre ahora, mortaja-olvido, las ruinas del Templo. Una solitaria y desgarrada bandera ondea breves instantes y luego cae, engullida por el olvido. ¡Nunca más!

Despierto. Giro la cabeza y observo el despertador-calavera-espectro. Son las seis y media de la madrugada: hora de levantarse. ¡Ser o no ser! Hoy, ser; mañana, no se sabe.

Todos los derechos imagen y texto©Francisco J. Segovia

domingo, 8 de agosto de 2010

Poesía: Mudanza

MUDANZA

Se la llevaron hace una semana.
Era la vecina del primero izquierda;
la vieja vecina del primero,
la de toda la vida,
la que regaba las plantas en días de lluvia,
o reñía a los niños que jugaban en la calle.

La vieron decaer con los años,
y cargarse de achaques de la edad;
cojera incipiente, paulatina ceguera,
y su espalda que se encorvaba
al tiempo que ella encogía, y se reducía
a la mínima esencia.

Se la llevaron de su casa,
como si fuese un inservible mueble;
sin tiempo para cargar sus cosas,
casi sin ropa,
sin sus recuerdos de toda la vida,
sin la mecedora de las tardes.

El piso del primero izquierda,
el de la vieja del primero, quedó vacío;
ayer mismo, dos semanas después,
dos albañiles encalaban el patio,
y pintaban de amarillo las paredes,
las vacías paredes del primero izquierda.
Francisco J. Segovia©Todos los derechos