LA CIUDAD MUERTA
Sabed que lo que
escribo en esta carta
es tan verdad como
que no hay tumba sin un muerto,
que no estoy loco,
ni enfermo, que eso se descarta
porque lo que os
voy a contar es cierto
Hablo de una
Ciudad Muerta y oculta
en el postrer
valle tras el último desvío,
que aparece cuando
el alma insepulta
divaga trémula en
busca de un refugio frío.
No se encuentra en
los comunes mapas intrincados,
ni la descubriréis
a través del universo,
pero si recorréis
los caminos ignorados
la hallaréis sin
duda al final del último verso.
Mas, ¡incautos los
que llegan allí!
Que no hay
habitante que reciba al forastero
y una niebla, penetrante
como un berbiquí,
atrapa con su
manto gélido y traicionero.
¡No había nadie,
ni nadie acudió a mi llamada!
Sólo respondían
los sonidos del vacío.
Cada calle era
abandono, tumba silenciada
que me oprimía con la pesadez del hastío
Caminé por avenidas desiertas de vida,
bajo un cielo desmayado
y plomizo,
hasta encontrarme
una larga avenida
en la que se
erigía un edificio rojizo.
Los ecos de mis
pasos morían apagados
entre secas
arboledas y mustios rosales.
Me faltaba el
aliento, mis sentidos sesgados
por la creciente aprehensión
a ignorados males.
Penetré por fin en
la bermeja construcción,
recorrí sus
intrincados pasillos
y llegué, tras mil
recodos y una maldición,
hasta una enorme
sala repleta de escarbillos.
Sentí el calor
intenso que todo lo inundaba,
con temor vi el
alto sitial ausente de dueño,
oí vago rumor de
pasos que se acercaba
y recé porque todo
fuera un sueño.
¡Mas no, no se
cumplieron mis deseos!
¡La Bestia se
presentó con su cuerpo escamoso!
Hui aterrorizado
de sus siseos
que llamaban con
aliento espantoso
No sé cómo, pero
en frenética huida
escapé de la ciudad
demencial,
y volví a este orbe,
donde mi vida
ya no es más que
un obscuro leganal.
Porque todo me provoca
miedo, hasta la sombra
de la sombra de mi
tenebrosa necedad.
¡En el rostro de
la feroz Bestia, no me asombra,
vi mi rostro
cubierto de maldad!
Que esa funesta ciudad
invadida de niebla
no es otra cosa
que el alma de quien a ella va.
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