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domingo, 10 de mayo de 2026

Cuatro aforismos

 El hombre lanzó un reto a la Muerte, y ésta sonrió porque había vencido a la Vida.

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Me reto a mí mismo cada día y siempre acabo derrotado.

 *****

No hay reto imposible sino falta de tiempo para llevarlo a cabo.

 *****

Perdona, olvidé que te había matado.

martes, 17 de febrero de 2026

Microrrelato publicado en la revista La torre del ojo, año 2, nº 6

 

Un poema de mi autoría, publicado en la revista La torre del ojo, año 2, número 6.

Puede leerse aquí: Entre estaciones – LA TORRE DEL OJO

domingo, 19 de septiembre de 2021

Prosa poética: Un sueño

UN SUEÑO

Me quito una legaña indiscreta y me acerco a la ventana. Abro despacio, con una lentitud heredada del Universo, una de sus hojas, y miro.

            La zona oscura, vacía como el corazón de los muertos, se extiende por todo el horizonte. Atisbo, en una lejana colina, la figura del coloso de piedra que avanza un milímetro al año, ¡tan lejos, tan cerca! La ciudad piramidal en la que habito se va marchitando en la noche eterna salpicada, cristal de coche en carretera, de insectos estrellados, pequeños, lejanos, muertos.

            Una luz parpadea brevemente, rasgando las dos negras zonas. El único movimiento de luz es la sonrisa de una compañera que siempre, desde que tengo uso de corazón, ha estado a mi lado.

            Pero temo al gigante de piedra, y a esos milímetros que va dejando atrás mientras se nos acerca…

            (Inspirado en la novela de Hodgson, “El Reino de la Noche”)

lunes, 11 de enero de 2021

Prosa poética: Dejándome llevar

 DEJÁNDOME LLEVAR

Dejándome llevar. Arrastrando mi cuerpo por los pasillos. Respiro. Inspiro, expiro. Sueños desmadejados. Timbres. Estrépito entre silencios. Oscuridad rota en un instante de desasosiego. Luz y parpadeo. Agua que corre. Agua.

            Frío sobre el rostro. Mirada inexpresiva. El tiempo avanza y yo me siento aún dormido. Soñar que se sueña y morir, o vivir entre sueños. Más luces. Líquido oscuro. ¡Desperta, ferro! Una planta se despereza en un rincón. Se oye el aullido lejano de un perro. Líquido oscuro, agua, vientre, despertar.

            El día va clareando, y los pensamientos. Las pesadillas van desapareciendo del recuerdo, y la noche, traicionera como trampa de araña, se esconde hasta que necesite regresar hasta mis dominios.

sábado, 10 de agosto de 2019

Prosa poética: Rapto de sol


RAPTO DE SOL

¿Y el sol? ¿Dónde se ha escondido? Dicen los espíritus de la primavera que un duende travieso lo atrapó un buen día y se lo llevo a su escondrijo en las entrañas de la tierra. “Para tener luz en mi hogar”, comentan que murmuró.
            Las hojas siguen ausentes de los árboles, y los hongos surgen allí donde deberían haber brotado las flores. El invierno vuelve otra vez, cubierto por cielos graníticos y húmedos. La nieve se envalentona y avanza lamiendo los costados de las montañas, y el trinar de los pájaros ha dado paso al sonido de la lluvia que repiquetea sobre el asfalto.
            El duende, que no es mala persona sino atrevido y niño donde los haya, sigue encandilado mirando un sol colgado en la pared de su cueva. Sonríe como nunca antes lo había hecho y deja pasar las horas, callado y pensativo, mientras compara la luz que ahora disfruta con la sempiterna penumbra que ha sido su compañera toda la vida.

            Fuera, las tinieblas permanecen, crecen, y ahogan. Alguien grita pidiendo luz, más luz. ¿Oirá el secuestrador los gritos de súplica?

Francisco J. Segovia ©Todos los derechos

martes, 7 de febrero de 2017

Prosa poética: El grávido paisaje



Estas nieves que encanecen el paisaje. Estas lluvias que lloran un invierno de agonía. Esa brisa que recorre cada esquina de cada calle de la ciudad deshabitada. Un árbol enquistado entre el cemento y el asfalto. Un mendigo roto dentro de una jaula de cristal. Treinta coches exhalando humos de tabacos imposibles. La hoja de un periódico vuela con sus tragedias y sus miserias.
            Una alarma canta con monotonía la violación de una reja. El autobús de las siete se llena de caras tristes y frías. Hay ojos que no miran, y hay miradas que carecen de vista. Los muertos se acumulan en la memoria de los peces.
            Sueños, miserias, y el final del arco iris está justo al lado de la subdelegación del gobierno. En el cielo, cuatro nubes revoltosas se agitan impacientes. Un paraguas bosteza, otro le sigue y un tercero permanece dormido. Las calles aún contienen las lágrimas del ayer. 

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

jueves, 12 de enero de 2017

Sueños Perdidos XV en el periódico digital Irreverentes.org

Quinceava y última entrega de Sueños Perdidos, en el periódico digital Irreverentes.org:

jueves, 5 de enero de 2017

jueves, 22 de diciembre de 2016

jueves, 15 de diciembre de 2016

Más Sueños Perdidos en el periódico digital Irreverentes.org

Nueva entrega de Sueños Perdidos, la undécima, en el periódico digital Irreverentes.org:

jueves, 8 de diciembre de 2016

viernes, 2 de diciembre de 2016

jueves, 10 de noviembre de 2016

jueves, 27 de octubre de 2016

jueves, 20 de octubre de 2016

Sueños Perdidos en el periódico digital Irreverentes.org

Cuarta entrega de la serie pictórico-literaria de Sueños Perdidos, en el periódico digital Irreverentes.org:

jueves, 13 de octubre de 2016

jueves, 29 de septiembre de 2016

Sueños perdidos en el periódico digital Irreverentes.org

Tal y como ya se anunció la semana pasada, este jueves se inicia la exposición de los óleos y los textos que los acompañaban de la exposición "Sueños perdidos".

Aquí se puede ver la primera entrega:

sábado, 8 de junio de 2013

Sueños perdidos: Arpa de hilos

(Óleo de Juan Antonio Galindo)

El arpa de hilos de colores suena con repetitivo cante. Ariadna se desmadeja la vida entre sus redes, y su cuerpo infantil se retuerce y deforma. Sentada en una silla, Penélope eterna y abandonada, teje y desteje sueños de otros sin saber que, en uno o dos años, abusarán de ella en una esquina del taller. Hay que pagar deudas familiares.

Las pequeñas hilanderas, esbozos rotos de Velázquez, se deshacen en posturas forzadas. Llenan sus pulmones de colores venenosos, y los hilos rodean sus cuellos para asfixiarlas, como si impacientes parcas no quisieran esperar a que las arrugas de la edad llenen sus rostros.

Desde la casa del telar suena sin cesar la melodía siniestra de los hilos que se tejen y las vidas que se acortan.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

lunes, 6 de mayo de 2013

Prosa poética: El fin de un sueño

Hace frío en este mes de enero. El viento sopla sobre las alamedas con su hiemal aliento. La sierra, al fondo de un paisaje límpido y expectante, brilla con el reflejo de los primeros rayos de sol sobre sus cumbres nevadas. El aire huele a silencios.

Cerca del río, triste metáfora de un final anunciado, una comitiva triste termina su recorrido. Él, su rey, baja del caballo en el que ha venido desde su palacio en la colina roja y, acompañado por sus más leales, se acerca a la pequeña alameda que es su destino. Frente a ellos, otra comitiva, ésta alegre y festiva, soberbia y altiva.

Apenas se intercambian palabras. Unas llaves cambian de manos, un pueblo, de destino. El rey triste, encadenado por los siglos a la pérdida del paraíso, monta de nuevo y se aleja más de la ciudad de la colina bermeja. Una extraña y repentina bruma comienza a cubrir la vega, el río, la ciudad, la lejana sierra...

La ciudad, bella entre las bellas, tiembla en sus cimientos al contemplar a los nuevos amos acercándose a sus murallas. Sabe, en lo más hondo de su alma, que ahora empieza su decadencia.

De eso, memoria dolorosa, hace ya más de quinientos años.


Francisco J. Segovia©Todos los derechos

martes, 30 de abril de 2013

Sueños Perdidos: Montañas de basura

(Óleo de Juan Antonio Galindo)

Entre las montañas de basura, los niños buscan. Los acantilados de desperdicios amenazan con precipitarse sobre ellos, pero los pequeños semidesnudos no cesan en su labor. Las latas vacías, las chapas rotas y oxidadas, el metal gastado y partido, se esconden entre la podredumbre. Los niños encuentran su tesoro. Lo arrastran hasta la piedra pulida por los golpes, y lo transforman -con sus manecillas apenas formadas- a fuerza de más golpes en láminas de pan prometido.

Las colinas donde se esconden la tuberculosis y el sida parecen moverse por tanto chaval hambriento que busca entre sus intestinos. A lo lejos, en las calles limpias y bajo la sombra de brillantes parasoles, los intermediarios de la mercancía rescatada de los desechos, sorben café y cuentan sus ganancias. Cada moneda es una cicatriz de un metal oxidado, o la aguja infecta del virus mortal, o un niño enterrado bajo toneladas de escombros.