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domingo, 1 de noviembre de 2026

Poema: Infiernos

 

INFIERNOS

 

La sala de espera

recoge rostros inanimados,

brazos exánimes,

quejidos del dolor que no cesa,

miradas perdidas en el vacío impreciso;

vidriosas,

ojerosas,

ávidas de ser

y ausentes al mismo tiempo.

 

Caronte asoma

-de vez en cuando-

un rostro inmutable por cotidiano.

Recorre con la vista la larga ausencia,

se encoge de hombros y regresa

a un pasillo

de mil

puertas.

 

¿No oyes la llamada de las sirenas?

El monótono acorde de una Voz,

la llamada imprevista y no deseada.

El peso muerto que se levanta

y crispa sus manos,

y avanza hacia el pasillo

de mil

puertas.

Los rostros que sólo miran

una última vez

antes de volver a escrutar al vacío

impreciso,

ávidos y ausentes a la vez.

 

La condena permanece,

la larga cola se diluye y se expande

como un corazón inquieto;

nada cambia,

nada permanece,

tan sólo las miradas perdidas en el vacío,

la voz de sirenas que llaman,

la mirada de Caronte

y el pasillo.