Nuevo relato en el periódico digital Irreverentes: EL SILLÓN – Periódico Irreverentes
Este artículo lo escribí allá por febrero de 2022 para el periódico Mundo Obrero. Y al releerlo, lo veo más actual todavía:
EL DESAHUCIO
Llega de las compras. Apenas lo suficiente para un día. Sus hijos la miran alegres, ajenos al dolor que siente por no darles lo que quisiera y necesitan. Los ojos de los niños tienen eso, que brillan a pesar de los dolores. La madre se dienta junto a ellos e intenta devolverles la sonrisa y la esperanza. Solo les queda su mutuo amor y ese pisito en las afueras. Cuarenta metros cuadrados casi desamueblados. Pero es su hogar.
Al menos hasta hoy.
Fuera, suenan pisadas. Fuera, al otro lado de la puerta, una voz cruda y burocrática les insta a abrir. A abrir y marcharse. El hombre, distante, rodeado de policías, les muestra un papel. No hay vuelta atrás, ni le permiten siquiera una queja.
La mujer mira a sus hijos. Los coge de las manos, y asiente con la cabeza mientras unos operarios entran en el hogar para recoger sus pocas pertenencias. Las que la acompañan a su exilio. Otra vez.
El piso, el hogar, el edificio entero queda de nuevo desierto, especulado, vacío de humanidad y repleto de ambiciones. Desierto como el corazón muerto de una mujer y los ojos eternos de dos niños.
Uno de mis relatos aparece en el número 11 de la revista digital Pulporama.
Puede descargarse, junto a otros números, en este enlace y de forma gratuita: Descargas → pulporama.es
Me comunica la organización que soy uno de los finalistas del V Certamen de Microrrelato Jorge Alonso Curiel. El ganador, segundo premio y menciones de honor se darán a conocer el próximo 14 de octubre.
mientras hay corazones destrozados
y cerebros pensando en una apagada
sonrisa.
La brisa nocturna sólo consigue abrir
las heridas
causadas por las edades de la piedra y
el agua,
y enferma, aún más, el carente
sentido.
No se grita porque el aullido es hueco
en una primavera marcada por el
estigma del invierno.
Morir en este momento sería un alivia
a la tortura
de morir viviendo en un pasado casi
inalcanzable.
Lejanía de besos y caricias,
esmeraldas de noches,
diamantes de tardes perdidas en
escritos pasajeros
marcados de carmín.
Fármacos, sábanas húmedas, respiros
cortados,
y entre todo, un ángel caído de un
cielo propio
y de un propio infierno.
Da igual que busque otros caminos
diferentes
y que aparte en un rincón los viejos
momentos
mientras su luz llegue a iluminar un
poema.
Y una lágrima ronda el vacío de los
ojos,
y una grieta en el corazón que no
bombea
sino desesperación y ansia de ella.
Poder morir por su sombra, y también
matar
por cada uno de sus pasos de pies
desnudos.
Cadenas formadas por una música
recordatoria
en viejos lugares y en sufridos
momentos.
Volver a ser el esclavo y el mártir de
su causa,
y rozar, aunque sólo fuera una sola
vez,
su boca, y mojar su lengua.
¡Almas de sentidos y sentir el alma
poseída por un hada que hipnotiza la
vida!
Hoy está el cristal que da a la calle,
pero en ella no se encuentra su
cuerpo,
ese que enloqueció tanto un poema
platónico.
La noche no puede tapar la claridad de
sueños,
de ojos entrecerrados para no ver la
mísera
compañía de desconocidas.
El alcohol no puede engullir la mente
en torbellinos inmensos, huracanes de
vómitos.
La risa forzada no es rival de su
sonrisa,
y la algarabía sólo es una chanza, un
baile
con el desasosiego.
En una noche de sábado cansino,
morir de un frío que no proviene de
fuera
sino de dentro, de muy dentro.
Tal y como anuncié hace unas semanas, una novela de mi autoría, La casona del indiano, va a ser publicada, en formato de lectura fácil (adaptada para personas con dificultades de comprensión lectura), por la editorial La mar de fácil.
No es ni una segunda edición ni una reedición. Podemos hablar de una obra nueva, que mantiene la trama original pero que tendrá cambios lógicos teniendo en cuanta las personas que podrán tener acceso a ella.
Oportunidad para adquirirlo: Instagram
Aquí: Cuatro días de julio - Francisco José Segovia Ramos - Babelio
El horror del fin del mundo - Francisco J. Segovia - Babelio
BAJO EL DELGADO BARNIZ HUMANO
Basado en La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells
Prendick había
huido de la isla de Moreau hacía diez años. Nadie creyó su historia, así que dejó
de hablar de ella. Una vez en Londres, sospechó que todos los que le rodeaban
eran meras bestias con atributos humanos.
“Volverán a su
estado animal en cualquier momento”, se decía una y otra vez, entre descansos
en su observación del Universo. En las estrellas había encontrado su refugio.
Lejos de los hombres, de la humanidad toda, y de lo que esta ocultaba tras una
falsa fachada de modernidad.
Cuando paseaba
por los jardines de su casa, a varias millas de la gran urbe inglesa, también
se sentía libre. Los pocos animales con los que se encontraba (algunas liebres,
caballos, un zorro rojo en una ocasión) le rehuían, o simplemente se le
quedaban observando, siempre temerosos de la reacción de Prendick. En ellos no
observaba maldad, sino mera naturaleza.
“Somos las
peores de las bestias, a pesar del barniz de civilización con el que nos hemos
cubierto”, afirmó una vez a un viejo amigo que le visitó, y que salió de la
finca alarmado por lo que consideraba “la locura en la que vivía Prendick”.
A este no le importaba
en absoluto lo que los demás pensaran de él. Se contentaba con la soledad y las
estrellas. Las limpias y lejanas estrellas.
Un buen día,
sin embargo, desde las estrellas llegaron extrañas y poderosas naves.
Conquistaron el planeta en poco tiempo. Los nuevos dueños, lagartos altos y
corpulentos, no ocultaban su bestialidad con falsas apariencias de cultura y
progreso.
Prendick fue
de los primeros en morir descuartizado en manos de los nuevos señores de la
Tierra. Mucho más civilizados que sus anteriores propietarios, los hombres, y
también mucho más bestiales.
UNDER THE THIN HUMAN
VARNISH
Based on Doctor Moreau´s island, by H.G. Wells
Francisco José
Segovia Ramos
Prendick had fled from Moreau´s
Island ten years ago. Nobody believed his story, so he stopped talking about
it. Once in London, he suspected all around him were trifling brutes with human
attributes.
"They are returning back to
their animal state at any moment," he said again and again, between breaks
in his observation of the universe. He had found his refuge in the stars. Far
way from men, far way form all mankind, and what is hidden behind a false
appearance of modernity.
When he was walking in the gardens
of his home, several miles from the big english city, he was also felling free.
The few animals which he found them (some horses, horses, in one time a red
fox) shunned him, or they were just watching him, they always fearful of
reaction´s Prendick. He didn´t see evil on them, but trifling nature.
Relato de mi autoría publicado en el periódico digital Irreverentes:
Ya es oficial. Próximamente, una novela de mi autoría será adaptada a lectura fácil y publicada por la editorial La mar de fácil, la misma que ya publicó La Promesa, que luego adaptó al catalá con el título de El Secret.
En breve, ampliaré la noticia.
La revista puede descargarse en el siguiente enlace: Revista Exogénesis
Enlace a la noticia: CL 2026-27
Bitácora del escritor granadino Francisco José Segovia Ramos correo: pacoj.segovia@gmail.com twitter: @fjsegoviaramos instagram: @franciscoj.segovia youtube: Francisco J. Segovia