YA A PUNTO DE IR A IMPRENTA MI PRÓXIMA NOVELA

domingo, 8 de abril de 2012

Microrrelato: Regalo de cumpleaños

No comprendía por qué su yerno le había regalado una planta para su cumpleaños. Normalmente él no era muy generoso en sus regalos, por no decir que lo consideraba un tacaño y, por añadidura, poco idóneo para su querida hija. A pesar de todo, cogió aquella planta y la cuidó con cariño. Al año, aproximadamente, la señora Montse se despertó de un profundo sueño. Se preguntó qué era ese ruido, ligero pero inconfundible, que provocaba pequeños ecos en el dormitorio. Vivía sola desde que su esposo falleciera, unos años antes, y su hija se fuera a vivir con el inepto de su yerno, y tampoco tenía animales.

Se incorporó de la cama y, con tiento y mucho miedo, se acercó hasta la puerta del dormitorio. Tal vez eran ladrones, se dijo, aunque el ruido, que seguía constante y rítmico, no indicaba que fueran personas las que estuviesen allí fuera, en la otra habitación. Se armó de valor, cogió una pequeña pieza de bronce que había sobre la mesita, como pequeña improvisada arma de defensa, y abrió la puerta. El comedor estaba en penumbras, solo iluminado por la luz de la farola de la calle. Su miedo le impidió encender las luces, y avanzó así en silencio, descalza y asustada. De pronto, algo saltó sobre su cuello. Y otro algo sobre sus piernas desnudas. Y otro algo sobre sus brazos. Al susto inicial continuó un dolor agudo y punzante, y sintió que sus venas se inflamaban, como si un veneno mortal corriese por ellas.

Al día siguiente la descubrieron los vecinos, tras las llamadas insistentes de su hija, que no obtenían contestación. La policía, al llegar, tuvo que hacer acopio de valor y deshacerse de una miríada de arañas venenosas que invadían el hogar de la anciana muerta. La autopsia, y los informes policiales, confirmaron que la mujer había sido víctima de las picaduras de las arañas nacidas de una planta llamada “tronco de Brasil”. El caso se cerró cuando se determinó que todo había sido un penoso accidente.

Por supuesto, el yerno de Montse lloró largamente la muerte de su suegra. Tanto que algunos incluso creyeron que era exagerado en sus lamentaciones.

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