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TRABAJANDO YA EN UNA NOVELA QUE PRÓXIMAMENTE VERÁ LA LUZ

miércoles, 29 de agosto de 2018

Artículo en la revista digital Teoría Ómicron


Un nuevo artículo de mi autoría, esta vez sobre el mito de Frankenstein en la literatura y en el cine, aparece en el número 4 de la revista digital Teoría Ómicron:

https://teoriaomicron.com/2018/08/28/histomicron-frankenstein-el-mito-literario-y-la-adaptacion-al-cine/

Revista Ómicron:
https://teoriaomicron.com/

lunes, 27 de agosto de 2018

Relato en el periódico digital Irreverentes.org

Nuevo relato en el periódico digital Irreverentes.org:

https://periodicoirreverentes.org/2018/08/27/las-manos-2/

domingo, 26 de agosto de 2018

Finalista en el XVI Concurso Nacional de Relato Caños Dorados, Fernán Núñez

 


Acaban de hacer público el fallo del XVI Certamen Nacional de Relato Caños Dorados, organizado por la asociación del mismo nombre, de Fernán Núñez, Córdoba, y uno de mis relatos ha sido galardonado con la condición de finalista.

Próximamente, más información.

Poesía: Hubo una vez


HUBO UNA VEZ

Hubo una vez un país
En el que se podía optar entre callar
O gritar y ser degollado.
No hace tanto, ni está tan lejos,
En el tiempo y en el espacio,
Que aún resuenan sus amargas canciones,
Y los vivas a la patria,
Y los rezos de lunes a domingo
En todas las iglesias,
En todos los colegios,
En todos los cuarteles.

Hubo una vez un país
Donde los poetas eran enterrados
Bajo los olivos y los cañaverales,
Donde las cárceles retenían las almas
Y devolvían cartas sin remite.

El tiempo no lo cura todo,
Siquiera cubre con una ligera página
Las miserias y las injusticias,
Porque los muertos anónimos aún duermen
En las cunetas,
Y hay cipreses en los cementerios
Que saben de viudas desconsoladas
Sin poder llorar a sus maridos.

No fue muy lejos,
Ni en el tiempo ni en el espacio,
Y parecía tan ajeno
Que era otro país,
Otro mundo,
Otra cosa,
Como si todo hubiese sido una pesadilla,
O un mal sueño,
O, quizá, nada.

Hubo una vez un país
Donde el dictador murió en la cama,
Y nombró herederos,
Y fue aplaudido por los poderosos.

Las coronas tienen eso,
Espinas doradas que se clavan en el alma
De los ciudadanos,
Y los transforman en súbditos,
En rehenes de las palabras bonitas
Enmarcadas en discursos protocolarios,
En míseros vasallos,
Sumisos, callados, vacíos de esperanza.

Así, pasa el tiempo,
Entre suspiros, entregas y añoranzas,
Y nadie quiere recordar,
Ni remover la tierra de los muertos,
Ni leer las sentencias pasadas,
Ni condenar los verdugos patrios.

No fue lejos,
Ni en un pasado remoto,
Y por eso está tan vivo
Que algunos quieren traerlo bajo palio,
Con sus morales implacables,
Sus estandartes bicéfalos,
Sus discursos hueros,
Sus privilegios reales.

Están ahí, sobre la tierra que cubre
Los muertos desconsolados,
Que la metralla asesinó en amaneceres
De faroles de camiones.

Hubo una vez un país
Que aún se descose por mil heridas.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

miércoles, 22 de agosto de 2018

Reseña: Libélulas en la noche, de Javier Trescuadras, Cazador de ratas editorial


LLEGA EL HOMBRE DEL SACO… PARA QUEDARSE

De un escritor como Javier Trescuadras, con una interesante trayectoria de relatos de terror (mención merece su reconocida antología Enciende primero, respira después), hay que esperar lo mejor, y no defrauda un ápice con su novela Libélulas en la noche.

A caballo entre el thriller policíaco, la novela de aventuras y el género de terror, Libélulas en la noche, como en la propia portada anuncia, revive y amplia el mito tan hispano del Hombre del Saco, y lo coloca a la altura de míticos iconos como Fredy Kruger o Jason. No podía Javier Trescuadras ser menos y olvidarse de esa influencia del cine de los ochenta que marca parte de su obra. Y es de agradecer, por supuesto.

Libélulas de la noche, una novela extensa y que asusta por su volumen, es de esas obras que se leen de un tirón, a poco que uno se descuide. La trama policial se encadena con momentos de terror hábilmente colocados a lo largo de la narración, sin convertir la historia en una mera investigación de varios crímenes y desapariciones, cuando menos, misteriosas. El terror, en su más profundo sentido, yace entre sus páginas y nos va dejando destilar gotas ácidas que nos dejan el sabor agradable del que disfruta con el miedo.

No es escritor Javier que se incline por una literatura contemplativa,  y meramente descriptiva. Sus personajes tienen una historia detrás, muchas veces oscura e inconfesable. Eso los hace más humanos, más cercanos al lector. Nada es lo que parece a primera vista, y los giros en la trama, imprescindibles siempre, no dejan títere con cabeza.

Esa canción, que se repite a lo largo de Libélulas en la noche, nos retrotrae a la infancia, pero lejos de convertirse en un lugar idílico al que regresar para buscar la felicidad perdida, es el hilo conductor, la banda sonora de una novela redonda, con un final apocalíptico, dignísimo, con sus gotas de gore y su ritmo frenético.

Nadie, después de leer esta obra de Javier Trescuadras, podrá escuchar esa canción que empieza Al pasar la barca me dijo el barquero… sin sentir un retorcimiento en las tripas y la sensación molesta, desagradable, casi palpable, de que hay alguien detrás escondido entre las sombras.

Quizá, el Hombre del saco.

Libélulas de la noche ha sido publicada por Cazador de Ratas Editorial en el año 2018. 

Más información en:

           
Francisco José Segovia Ramos

lunes, 20 de agosto de 2018

Relato: El tratamiento


            El doctor puso el frasco de pastillas en la mano del paciente.
            —Aquí tiene, señor Stewart —dijo en tono neutro —. Tómese una a primeros de cada mes durante todo el año. Después, ya sabe, debe venir otra vez por estas oficinas.
            Stewart asintió con la cabeza mientras miraba a sus acompañantes sonriendo estúpidamente. ¡Al fin había conseguido el tratamiento que le haría inmortal!
            Claro que, cuando la Industrial Farmacéutica Olson & Merryt anunció que habían conseguido fabricar un producto que alargaba la vida eternamente, apenas tenía recursos para permitírsela, dado que solo estaba al alcance de unos pocos multimillonarios. Pero había tenido éxito en sus negocios y ahora se podía permitir gastarse unos cientos de millones en la “medicina”.
            Cuando salieron al exterior sintió un ligero escalofrío. En el contrato que había firmado para adquirir las pastillas se especificaba claramente que solo eran efectivas un año, y que había que seguir adquiriéndolas año tras año, con el agravante de que si se dejaba el tratamiento… podía acontecer una muerte dolorosísima.
            Era un riesgo a correr. Stewart se consoló al recordar su inmensa fortuna. No tendría problemas en conseguir las pastillas… y si los tenía siempre podía subir el precio de sus productos, o especular en el mercado. No sería la primera vez.
            Treinta años después Stewart moría entre horribles estertores. Su cuerpo se contrajo hasta convertirse en el de una momia en vida. Y todo sucedió cinco días después de que dejase el tratamiento, porque se encontraba en la ruina total y no podía pagarlo…
            Lo que nunca supo –ni la Industrial Farmacéutica lo iba a anunciar jamás- era que el coste de las pastillas era irrisorio, y que la empresa jugaba con la ley de la oferta y la demanda, elevando cuantiosamente su precio, como el mismo Stewart debía haber adivinado, ya que él había hecho lo mismo en numerosas ocasiones.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

domingo, 19 de agosto de 2018

Poesía: Hubo una vez


HUBO UNA VEZ

Hubo una vez un país
En el que se podía optar entre callar
O gritar y ser degollado.
No hace tanto, ni está tan lejos,
En el tiempo y en el espacio,
Que aún resuenan sus amargas canciones,
Y los vivas a la patria,
Y los rezos de lunes a domingo
En todas las iglesias,
En todos los colegios,
En todos los cuarteles.

Hubo una vez un país
Donde los poetas eran enterrados
Bajo los olivos y los cañaverales,
Donde las cárceles retenían las almas
Y devolvían cartas sin remite.

El tiempo no lo cura todo,
Siquiera cubre con una ligera página
Las miserias y las injusticias,
Porque los muertos anónimos aún duermen
En las cunetas,
Y hay cipreses en los cementerios
Que saben de viudas desconsoladas
Sin poder llorar a sus maridos.

No fue muy lejos,
Ni en el tiempo ni en el espacio,
Y parecía tan ajeno
Que era otro país,
Otro mundo,
Otra cosa,
Como si todo hubiese sido una pesadilla,
O un mal sueño,
O, quizá, nada.

Hubo una vez un país
Donde el dictador murió en la cama,
Y nombró herederos,
Y fue aplaudido por los poderosos.

Las coronas tienen eso,
Espinas doradas que se clavan en el alma
De los ciudadanos,
Y los transforman en súbditos,
En rehenes de las palabras bonitas
Enmarcadas en discursos protocolarios,
En míseros vasallos,
Sumisos, callados, vacíos de esperanza.

Así, pasa el tiempo,
Entre suspiros, entregas y añoranzas,
Y nadie quiere recordar,
Ni remover la tierra de los muertos,
Ni leer las sentencias pasadas,
Ni condenar los verdugos patrios.

No fue lejos,
Ni en un pasado remoto,
Y por eso está tan vivo
Que algunos quieren traerlo bajo palio,
Con sus morales implacables,
Sus estandartes bicéfalos,
Sus discursos hueros,
Sus privilegios reales.

Están ahí, sobre la tierra que cubre
Los muertos desconsolados,
Que la metralla asesinó en amaneceres
De faroles de camiones.

Hubo una vez un país
Que aún se descose por mil heridas.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

martes, 14 de agosto de 2018

Reseña: Invicta, de Miriam Alonso, Escarlata Ediciones


LA HISTORIA DE UNA MUJER LUCHADORA
           
Invicta, de Miriam Alonso, es una novela a caballo entre la historia, el romanticismo y la rebeldía. Un alegato femenino que reivindica la capacidad de la mujer para superar cualquier prueba que se le presente, por muy dura que pueda parecer.

Su protagonista, Victoria (ya el propio nombre es un reflejo claro del personaje), vive en la Europa de finales del siglo XIX, en concreto, en el Reino Unido. La joven irá evolucionando a lo largo de la novela desde un candor y una inocencia casi virginales hasta forjar un carácter indómito, invicto, por seguir el título de la novela de Miriam Alonso.

Un estilo narrativo ágil, con personajes principales y secundarios muy bien definidos, nos va llevando de la mano por los caminos británicos, el canal de la Mancha y el París de la Exposición Universal de 1889. Hay pasajes lúdicos, capítulos impregnados de un romanticismo decimonónico perfectamente engarzado en la trama, y partes oscuras, trágicas, demoledoras, que son las que, en verdad, hacen más mujer, más persona, más libre a la protagonista.

Como toda buena gran novela que se precie, Miriam Alonso da varios giros en la trama, y, sin ánimo de desvelar su contenido, la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta, tiene mucho, y bueno, que ver con el hilo principal de la historia.

Empezar la lectura con una definición casi parnasiana del paisaje puede confundir al lector y hacerle creer que se encuentra ante otra novela simplista de aventuras románticas, con hombres y mujeres arquetipos, sin personalidad y con un desarrollo casi lineal para llegar a un final feliz. Nada de esto se encuentra, empero, en Invicta. Los contrastes entre lo lúdico y lo siniestro, entre la felicidad y la tragedia, son evidentes en muchas partes de la novela y sirven para definir por completo a Victoria y el resto de secundarios, y para que el lector se identifique y comprenda a esta mujer valiente y dispuesta a luchas hasta el último aliento de su existencia.

Invicta, en definitiva, no es una novela romántica sin más. Sus elementos históricos, su trama con varios y sorprendentes giros, y su mensaje reivindicativo de la libertad de la mujer, la hacen interesante. Por otra parte, tampoco hay nada que reprochar al estilo literario, ágil, claro y entretenido. Lo correcto para que nadie se aburra con la lectura de la novela de Miriam Alonso.

Invicta, de Miriam Alonso, fue publicada por Escarlata Ediciones en 2018.

Más información en:

Francisco José Segovia Ramos
Agosto de 2018