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domingo, 19 de agosto de 2018

Poesía: Hubo una vez


HUBO UNA VEZ

Hubo una vez un país
En el que se podía optar entre callar
O gritar y ser degollado.
No hace tanto, ni está tan lejos,
En el tiempo y en el espacio,
Que aún resuenan sus amargas canciones,
Y los vivas a la patria,
Y los rezos de lunes a domingo
En todas las iglesias,
En todos los colegios,
En todos los cuarteles.

Hubo una vez un país
Donde los poetas eran enterrados
Bajo los olivos y los cañaverales,
Donde las cárceles retenían las almas
Y devolvían cartas sin remite.

El tiempo no lo cura todo,
Siquiera cubre con una ligera página
Las miserias y las injusticias,
Porque los muertos anónimos aún duermen
En las cunetas,
Y hay cipreses en los cementerios
Que saben de viudas desconsoladas
Sin poder llorar a sus maridos.

No fue muy lejos,
Ni en el tiempo ni en el espacio,
Y parecía tan ajeno
Que era otro país,
Otro mundo,
Otra cosa,
Como si todo hubiese sido una pesadilla,
O un mal sueño,
O, quizá, nada.

Hubo una vez un país
Donde el dictador murió en la cama,
Y nombró herederos,
Y fue aplaudido por los poderosos.

Las coronas tienen eso,
Espinas doradas que se clavan en el alma
De los ciudadanos,
Y los transforman en súbditos,
En rehenes de las palabras bonitas
Enmarcadas en discursos protocolarios,
En míseros vasallos,
Sumisos, callados, vacíos de esperanza.

Así, pasa el tiempo,
Entre suspiros, entregas y añoranzas,
Y nadie quiere recordar,
Ni remover la tierra de los muertos,
Ni leer las sentencias pasadas,
Ni condenar los verdugos patrios.

No fue lejos,
Ni en un pasado remoto,
Y por eso está tan vivo
Que algunos quieren traerlo bajo palio,
Con sus morales implacables,
Sus estandartes bicéfalos,
Sus discursos hueros,
Sus privilegios reales.

Están ahí, sobre la tierra que cubre
Los muertos desconsolados,
Que la metralla asesinó en amaneceres
De faroles de camiones.

Hubo una vez un país
Que aún se descose por mil heridas.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos

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