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sábado, 10 de enero de 2015

Reseña de "Un minuto antes de la oscuridad", de Ismael Martínez Biurrun, Editorial Fantascy, 2014



UN MINUTO ANTES DE LA OSCURIDAD, Y UN MUNDO PARA REFLEXIONAR

            La literatura post apocalíptica siempre ha estado de moda. Desde la obra de Matheson, Tú, el Inmortal, hasta las sagas recientes, plagadas de zombis, virus mortales, o guerras atómicas sin sentido, sin olvidar novelas tan espléndidas como “En la playa”, de Nevil Shute, o la más reciente, “La Carretera”, de Cormac McCarthy, y es difícil escribir algo nuevo sobre este tema. Sin embargo, la era pre apocalíptica –si es posible utilizar este término- se sumerge más en unos cánones filosóficos, o en unas sociedades distópicas, sin que se acabe de saber si el final está o no a la vuelta de la esquina. En cambio, la obra de Ismael Martínez, “Un minuto antes de la oscuridad”, sí que nos muestra con claridad un mundo al borde de la extinción. No a causa de una guerra, ni de un virus, que sería lo habitual, sino que ahonda en los males de una sociedad como la que vivimos. Aquí, Ismael logra sumergirnos en una atmósfera depresiva, caótica a veces, demasiado rígida en otras, donde los hombres y mujeres sobreviven a pesar que todo a su alrededor se viene abajo.
            Y nadie sabe el motivo. Pero ¿hay necesidad de explicarlos? En “Un minuto antes de la oscuridad”, ni Ciro, ni Sole, su esposa, ni los demás personajes que aparecen –y desaparecen a veces de forma dramática- son plenamente consciente de lo que está acaeciendo. El protagonista se aferra a su mundo, intenta incluso averiguar las causas de un crimen… en una sociedad a la que parece importar poco lo que pasa al vecino de al lado. ¿No nos suena esto de algo?
            En un Madrid no tan lejano, en una sociedad no tan distante a la que las políticas actuales la están llevando, “Un minuto antes de la oscuridad” hace reflexionar sobre las motivaciones y sentimientos humanos. Sobre la necesidad de la solidaridad, del amor, de saber a dónde ir y cómo hacerlo.
            Porque eso es lo que afecta, en mayor o menor medida, a los personajes perfectamente construidos de la novela de Ismael Martínez: que no son capaces de sobreponerse a los acontecimientos. Ciro lucha por mantener su status quo, como si nada pasase a su alrededor. Sole se refugia en las drogas y en un sexo insustancial. El resto, deambula entre el olvido y la muerte. O huye, o muere, víctima de extraños grupos de hombres y mujeres, que sí que parecen haber encontrado su camino a través del horror y el asesinato.
            ¿Un mundo así es posible? Debería preguntarse el lector cuando haya terminado de leer la novela. La respuesta que Ismael Martínez da en su “Un minuto antes de la oscuridad”, es brutal y está intrínsecamente en la palabra “Mañana”. Donde acaba una historia y, quizá, empiece otra totalmente distinta. Quizá, en definitiva, el “mañana” empiece hoy, lo estemos viviendo en estos tiempos de caos y desasosiego.
            Con Ismael Martínez, con “Un minuto antes de la oscuridad”, se nos crea la opresiva sensación que estamos viviendo, si no ese minuto, apenas unos pocos antes del fin de todo. Esa es la esencia de la literatura fantástica, de las epopeyas post o pre apocalípticas: hacernos creer que pueden suceder. Ismael Martínez Biurrun lo consigue plenamente. Un autor al que habrá que seguir leyendo, sin lugar a dudas.

Francisco José Segovia Ramos
Enero de 2015.

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